Entrando por primera vez en las bodegas de Rioja Alta, se me cortó la respiración ante esos inmensos y ancianos tinos de madera que te reciben a la entrada como guardianes del tesoro. Según avanzaba en la visita la sensación de estar ante algo muy especial se acrecentaba hasta llegar a la sacristía donde los negros mohos en las pareces y sus telarañas asustaban a la MW y donde yo quedaba sobrecogido. Desde ese día, hace ya unos años, los vinos de Rioja Alta son para mí algo más que clasicismo en sus Grandes Reserva algo más que rioja embotellada  en cada una de sus ampollas y en resumen algo más que vino.

A su vez, desde ese día, una bodega de Rioja se colocó en mi corazoncito al lado  del Maestro Sierra, de la calle Ciegos, de la cueva de Françoise Chidaine y de la sinagoga de Charlotte Allen y de tantos y tantos  de esos lugares mágicos que hacen que siga amando el vino y sus gentes  cada día más.

Es por esto que en la cata de este viernes 22 de Marzo, miraré con respeto y admiración al contenido de la copa, porque no es vino. Es tradición, es Rioja, es la emoción que a día de hoy hace que me beba y disfrute un 904 de 1958 aun siendo el cuero y la caoba lo único que quede.

Vinos de la cata, de la mano de su Director Técnico, Julio Sáenz Fernández y el Director Comercial de la Zona Centro, José Luis Domínguez Martínez.

  •         Lagar de Cervera 2018
  •         Gran Reserva 904 – 2009
  •         Viña Ardanza Reserva 2009
  •         Viña Alberdi Crianza 2013
  •         Martelo Reserva 2014
  •         Áster Finca El Otero 2014
  •         Gran Reserva 904 – 97

Y ojo con ese Martelo que también impresiona …